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Un flaco bendito por groupies juguetonas que lo niega todo, así es lo nuevo de SABINA

Después de ocho años sin publicar disco, llega Lo niego todo, lo nuevo de Joaquín Sabina. Y digo nuevo porque es un Sabina renovado, siempre manteniendo la esencia que le ha hecho convertirse en el maestro del que todo el mundo habla, pero con ese aire fresco que era ya tan necesario.

Tras tantos discos publicados (¡y qué discos!) es muy difícil que el siguiente sea mejor que el anterior, pero sin lugar a dudas, con Lo niego todo lo ha conseguido. Sin desmerecer al maestro, creo que hay dos personas muy importantes que han aportado a este disco lo que lo hace grande, en primer lugar Benjamín Prado, que le ha aportado una segunda pluma a los versos de Joaquín; y en segundo lugar y no por ello menos importante, Leiva. Sin olvidarnos de todos los colegas que han participado en la grabación, a los que me referiré más adelante.

Si bien Leiva y Sabina ya habían trabajado juntos y con éxito en Vinagre y Rosas (sólo hay que escuchar “Tiramisú de limón”), Leiva le ha dado a Joaquín la frescura que necesitaba, ha abierto ese cajón que a veces podía oler un poco a naftalina y lo ha llenado de melodías nuevas, de vientos y de pianos muy al estilo de Pólvora.

En un primer momento sí que podemos pensar que el disco suena más a Leiva que a Sabina, sobre todo después de escuchar “Lágrimas de mármol”, es inevitable que un productor no le de su propio sonido al disco en el que trabaja, pero en este caso, sí hay canciones como “Sin pena ni gloria” o “Lágrimas de mármol”, con esos coros y esos vientos, que pueden tener un poco de exceso de Leiva, pero hay otras que son puramente Sabina y en las que ni nos imagínaríamos quien es el productor, como “Canción de primavera”.

Yéndonos más lejos, “Churumbelas”, que se aleja completamente del sonido general del disco pero que es Sabina en estado puro, es la rumba que no puede faltar en ninguna de las obras del flaco, incluso puede recordar a “Ay Rocío” de aquel Alivio de luto que puedo colocar bastante arriba en su ránking de mejores discos.

Si seguimos hablando de variedad tenemos hasta un reggae “Qué estoy haciendo aquí” que sí que se sale totalmente de la línea del disco; aunque tampoco podemos verlo como algo excéntrico, no vamos a tachar a Sabina de hacer canciones iguales, recordemos “No soporto el rap”, por ejemplo.

“Quién más, quién menos” musicalmente es sencilla, pero la letra es totalmente reveladora, propia de los versos a los que nos tienen acostumbrados tanto Benjamín como Sabina. Pero para ser la primera, no me parece que sea un reflejo de lo que podemos escuchar en el resto del disco.

Siguiendo esa esencia de la que hablaba al principio tenemos “Postdata”, musicalizada por Ariel Rot, y que desde el primer momento trae esos aires de Latinoamérica que respiramos tantas veces en las canciones de Sabina, quizás no tanto como en otras tipo “Con la frente marchita” pero esa influencia sigue estando presente y más al haber contado con la presencia de Ariel para conseguir ese gusto en la guitarra que tan bien sabe poner el argentino.

Hay otras canciones con un tono más rockero, como “Las noches de domingo acaban mal” que ya tienen un sonido mucho más pesado y nos muestran una faceta de Sabina que igual llevábamos más tiempo sin ver y que es un placer encontrar en este CD.

En la línea de “Rosa de lima”, por ejemplo, tenemos “No tan deprisa” tremendamente pegadiza, desde la melodía hasta la letra, es el corte número dos y no te lo vas a quitar de la cabeza; además para esta canción el flaco contó con la colaboración de Rubén Pozo, otro flaco con quien también trabajó en Vinagre y Rosas y quien también ha colaborado con Benjamín Prado en numerosas ocasiones. Rubén es un músico como pocos y sabe crear melodías alegres y pegadizas sin problema, al más puro estilo de “Chatarrero”, uno de los platos fuertes de su último disco.

Para mi uno de los cortes clave y diferenciadores de este disco es “Lenningrado”, puede ser la que más tarde en entrar en la primera escucha, quizás por ser la más larga o por la complejidad de la letra, pero en cuanto a la temática puede recordarme al estilo de Vinagre y Rosas y esas subidas y bajadas la hacen sumamente atractiva.

Pulsa sobre la imagen para escuchar “Por Delicadeza!

La guinda, la recompensa por el trabajo bien hecho es “Por delicadeza”. Ya viene en su propio título lo que es esta canción, es delicada, está cantada a dos voces, la de Sabina y la de Leiva, alternándose versos tan cuidados como sinceros y se puede hasta notar el cariño con el que está hecha. Por cosas como estas se sabe cuando un artista está contento o no con su disco y en este caso Sabina lo está y mucho, en el último corte podemos escuchar como se dirige a Leiva entre risas proponiendo cambiarse los versos de la canción. Para haber entrado in extremis en el disco, fruto de una noche de juerga en la que estaban Sabina, Benjamín y Leiva celebrando el final de la grabación, la inspiración llegó y no pudo ser en mejor momento ni de mejor manera, consiguieron el cierre perfecto para este Lo niego todo.

Y para terminar… la canción que da nombre al disco, qué os voy a contar, la más autobiográfica, la declaración de intenciones por excelencia, un recordatorio de lo que fue, lo que es y lo que será el flaco… y también de lo que no es; magistralmente escrita por Benjamín Prado.

En definitiva, estamos ante un disco que se ha hecho con lo mejorcito del país, desde Chapo, Olga Román, Ariel Rot, Leiva, Carlos Raya, Rubén Pozo, Gato Charro, César Pop, José Bruno y muchos más que han conseguido sacar el sonido que Joaquín llevaba esperando desde 19 días y 500 noches, producido por otro argentino, Alejo Stivel, que sí consiguió, al igual que Leiva en este caso, esa línea entre el rock, la canción de autor, los tintes latinos y como siempre, el gusto que acompaña tanto a ese disco como a Lo niego todo.

“Superviviente, sí, maldita sea, nunca me cansaré de celebrarlo”
por Cris Varela Ugarte.

Edición web: Merche Araujo